(El Castillo de San Fernando, 2016)

A toro pasado las cosas se ven de otra manera. Por eso aprovecho ahora, una semana después del gran día de los enamorados, para hablar un poco sobre San Valentín. Porque navegando por la Web he descubierto cual fue el nacimiento de esta tradición que celebramos todos los años con flores, bombones y con dones. Con dones artificiales de caballerosidad y galantería hacia nuestras parejas (de las que nos solemos olvidar el resto del año).

Por lo visto, San Valentín tiene sus raíces en el Imperio Romano, concretamente en el siglo III. El gobernador Claudius Aurelius Marcus Gothicus (ese mismo) decidió prohibir los matrimonios para los jóvenes, para que los hombres fueran reclutados a filas y no se preocupasen de los dolores de cabeza que conlleva la organización de una boda.

Pero mientras tanto, un sacerdote decidió imponerse a la norma de Claudio y comenzó a celebrar matrimonios de forma clandestina. Al enterarse de esto, el tirano gobernador ordenó su detención pero Valentín, que era como se llamaba el sacerdote, realizó un milagro antes de ser puesto entre rejas. Redoble de tambores porque al parecer, dicho personaje de sotana y cinturón largo le devolvió la vista a Julia, la hija del carcelero, de la que más tarde se enamoró. A pesar de ello su sentencia le condenó a muerte y fue ejecutado el 14 de febrero del año 270. Antes de morir mandó una carta a la joven que firmaba con esta frase: “De tu Valentín.”

En su tumba la mujer plantó un almendro del que emanaron para la eternidad flores de color rosa, símbolo del amor y la amistad eterna.

Un rollo macabeo.

Pero desde entonces, millones de personas de todo el mundo intercambian regalos el día 14 de febrero para demostrar su “enamoramiento”. Sin embargo, hay estudios que confirman que al menos un 70% de los que celebran esta fiesta lo hacen por pura corriente social. ¿Es totalmente necesario celebrar San Valentín? Si tenemos claro que es una estrategia de marketing, ¿por qué seguimos comprando sin parar cojines de corazones, perfumes de los caros y ositos de peluches?

La respuesta es fácil (creo). Porque si no llevamos a cabo todo este teatrillo de enamorados, de alguna manera, estamos condenados al vituperio social. A ofrecer una imagen de pareja rancia, insulsa y carente de amor verdadero que no se intercambia bombones el día en el que todo el mundo lo hace.

Y por ello escribo este artículo, para traer buenas noticias a aquellos que no son partidarios de sumarse a la corriente del mercadeo, del postureo ni del materialismo. Señores, existe otro día de celebración “amoril” del que poca constancia se tiene. El día 6 de septiembre tiene lugar el día del sexo oral. En este caso, quizás no sea tan necesario estar enamorado sino de una persona con quien practicarlo. Al parecer, esta fecha ha sido escogida por la relación existente entre el número 6 y el mes del año que ocupa septiembre (6 del 9: 69), conocida postura sexual para los que tienen la suerte de practicarlo.

Al fin y al cabo, no se trata más que de otro día inventado para celebrar algo que la gente necesita. Sin embargo, veo una diferencia sustancial entre San Valentín y el día internacional del sexo oral. En el primero, se compran los regalos casi por obligada competencia, para quedar bien y no ser menos que la pareja de Juani y Juana, que ha subido una foto a las redes sociales sonrientes, entre globos colorados, pétalos de flores y una vela encendida. El día internacional del sexo oral no funciona así: En este día, cada uno da lo que recibe.

He aquí divina justicia.

Enlace al periódico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s