(San Fernando Información, 2016)

No hay mejor manera de aprovechar los días de permiso por navidad que leyendo un buen libro. Digo yo. Que no quiere decir que el jamoncito, las zambombás y los vinitos tampoco estén bien. Que lo están, claro que sí. Pero que yo también disfruto con la mantita y las zapatillas de paño mientras me revoleo por el sofá con un buen libro en la mano. Mire usted que cosas.

Leer es una manera más de disfrutar el tiempo libre, aunque he de reconocer que desde que intento dedicarme humildemente a la escritura no puedo remediar sentir cierta envidia (sana, supongo yo) al leer a algún que otro autor.

Y así, como el que no quiere la cosa, os voy a hablar sobre Joël Dicker. Un escritor que me ha tocado la moral. Un chaval, si se me permite, con dos auténticas obras de arte publicadas con tan solo treinta añitos. Ya ven a lo que me refiero cuando hablo de esa envidia que siente el escritor cuando lee a otro infinitamente superior. Este suizo rubio con ojos azules dirigía su propia revista a los diez años. Y lo hizo durante los siete años posteriores, siendo nombrado “Editor en jefe más joven de Suiza” por el Tribune de Genève. Con 24 años acabó su primera novela y a los veintisiete, publicó “La verdad sobre el caso Harry Quebert” que ganó el Grand prix du roman de l’Académie française. Un libro, además, imprescindible para todo aquel que tenga interés por el mal retribuido oficio del juntaletras.

El caso es que estos días he disfrutado mucho con la lectura deLos últimos días de nuestros padres. Su primera novela. Sí, sí. La que terminó con tan solo veinticuatro añitos. Ahora, ese libro tiene millones de ventas y es capaz de remover el estómago a un escritor de tres al cuarto y hacerle escribir un artículo en su nombre.

Porque después de leer a este tipo de escritores a uno se le plantean un sinfín de dudas existenciales. Pero la que más apabulla es la del tiempo. Por lo menos a mí. Los años pasan. La gente gana premios literarios universales, publica best sellers con grandes editoriales y sale en todas las ruedas de prensa. Este chaval me saca cinco años, pero pensar que tengo esos años de margen para alcanzar el reconocimiento y la calidad literaria del susodicho sería mentirme a mí mismo.

En definitiva, que lo que vengo aquí a decir de forma tosca y torpe es que de vez en cuando viene bien recordar que hay alguien mejor que nosotros. Que hace tiempo que nos superó y que cuando uno se cree un luchador nato con una revista literaria a sus espaldas con veinticuatro años, hay otro que ya lo hizo a los diez.

En fin. Que me hago viejo y se me pasa el arroz. Que nos les pase a ustedes lo mismo.
Agarren el 2016 con fuerza que ya no hay vuelta atrás. Seguro que cada uno de ustedes tiene un proyecto, un objetivo que cumplir. No dejen pasar ni un solo día sin trabajar en vuestros sueños. Solo de esa manera podremos darles caña a estos suizos de los cojones; que ya está bien de tanto relojito, navajita multiuso, y escritorito joven de fama temprana.

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