(San Fernando información, 2016)

Las cosas nunca salen como uno se las espera. Recuerdo que siendo un niño leí una novela que comenzaba con esta misma frase, frase que se me quedó marcada para el resto de los días (aunque con el tiempo se me haya olvidado el título del libro).

El fin de semana pasado esta frase, junto a su significado y significante, me sacudió como un martillazo cuando recibí la llamada de un amigo. “Rubén ha fallecido esta noche. Por culpa de un bocadillo de tortilla en mal estado”.

Y así fue. A pesar de que ninguno de nosotros creyésemos que alguien podía morirse por este tipo de cosas, a los dos días, Rubén (nuestro Rubén), fue enterrado. Si uno pasea en estos días por los alrededores de la calle Jabeque, podrá notar algo extraño en el ambiente. Como si la gente anduviese apagada por las aceras, abotargadas por la crudeza de la realidad e incrédulas ante la pérdida repentina de una persona muy querida en el barrio. Porque si ahora observamos el asunto desde la perspectiva de lo sucedido, no se puede hacer más que apreciar a una persona que llevaba la sonrisa a todos lados, alegre, respetuoso y representante de la nobleza en su máximo exponente. Trabajador y buen estudiante, responsable con las obligaciones de su casa. Un hijo excepcional y amigo como pocos quedan.

Una familia destrozada, un barrio echado abajo y una ciudad asustada ante lo inverosímil de lo ocurrido. Afectada ante la avalancha de bulos sobre otras muertes ficticias, de partidas enteras de huevos en mal estado y patologías raras.

A día de hoy hay más de una centena de personas afectadas y una víctima mortal causada por una misma fuente (repito, por una misma fuente, un mismo bar, una misma cocina). Sin embargo, parece ser que este asunto no conviene que se expanda en exceso, al menos por estos días. No renta remover la mierda, que hay mucho turista dejándose los cuartos en cervezas y tapitas en nuestro Carnaval. El alto nivel de salmonelosis encontrado en la cocina del bar Grimaldi no puede empañar el beneficio que se prevé por estos días por parte de la hostelería.

Sigamos inventado noticias falsas, sigamos ensombreciendo la realidad con chismes e infundios para engordar el bombo del morbo.

Mientras tanto, mientras esperamos justicia y una explicación definitiva de lo ocurrido el sábado pasado de Carnaval, aprovecho para dedicarle estas  humildes líneas a la verdadera víctima de este accidente totalmente evitable.

Un abrazo para ti, Rubén, y otro para toda su familia. Ánimo, templanza y paciencia.

Y como se puede leer en todos los comentarios de las redes sociales de tus familiares y amigos, yo también aprovecho para dedicarte un “hasta luego” de la manera que tú siempre solías hacer, con el corazón en la mano y una franca sonrisa en el rostro.

Que la fuerza te acompañe, compañero.

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